sábado, 3 de marzo de 2012



  El blog de este sitio inmundo

Dino Donner Cosio nace en Santo Stefano Belbo, Italia a finales de una primavera sin que ninguno de sus conciudadanos vea en él ninguna esperanza de futuro. 
Tras pasar totalmente desapercibido por la escuela de educación primaria y por un grupo de boyscouts del que actualmente reniega, sus padres deciden apuntarle a un cursillo de natación.
Allí consigue aprender a nadar e incluso gana, inesperadamente, una medalla  modalidad cien metros mariposa.

Todo marcha viento en popa hasta que un día, sin saber exactamente cómo, se ahoga en un vaso de agua. Siente la necesidad de retirarse del mundanal ruido y se encierra en su habitación a meditar. Al salir de ella, nace un hombre nuevo, esta vez a principios de primavera. Un hombre que abandona la natación, repudia de sus estudios, se proclama autodidacta,  abandona  a su novia, se va vacaciones a Uruguay, lugar donde conoce gente deshonesta , degusta el alcohol, se aficiona por los asados y explora otros estados de conciencia en la estación otoñal.
Es ahí donde se convence de que su futuro está a la vuelta de la esquina y ahí marcha. Con muy poco dinero que le manadan sus padres desde Italia se compra una máquina de escribir Olivetti que un amigo le trae de Bagé, y teclazo va , teclazo  viene, aparecen sus primeras notas de critica cultural,  apareciendo así también los primeros improperios, golpes, machucones y e incluso balazos de artistas ofendidos por la visceral letra impresa de Dino Donner .
Así se pasa dos o tres años mirando la televisión en un apartamento de las afueras de Goes , donde acude toda la intelectualidad maldita del momento, al tiempo que, en sus ratos libres, trabaja en el ramo de repartidor de volantes. Pero lo que de verdad importa son esos pequeños trozos de papel que se van llenando de metáforas y adjetivos, que son auténticas semillas de su corrosiva crítica.

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